La expresión del ser humano tiene un cierto objetivo conocido: manifestar la opinión. No obstante, detrás de esa opinión, sea crítica o sea una consolación a tu mejor amigo por la muerte de un familiar, está la intención de encontrar una respuesta que satisfaga el vacío -una crítica a tu punto de vista o un profundo agradecimiento-. Sin embargo, cuando la persona quien debe ofrecer una respuesta no tiene el mínimo interés por dar la misma, el emisor de aquella comunicación; el tipo que criticó o el tipo que manifestó una problemática, después de no recibir nada por respuesta; ningún producto útil para procesar, tal persona queda perpleja, termina agotada y no sabe cómo culminar tal situación de una manera moralmente correcta.
Cuando eso pasa frecuentemente, cuando no se recibe respuesta por un buen periodo de tiempo, o cuando se reciben respuestas a medias, insatisfactorias, que no sirven de nada; después de ello queda un historial en tu disco duro; te acostumbras a ello y cambias, cambias a la hora de la expresión, de la comunicación. Después de eso, a partir de ese momento pierdes el sentido de expresar, cualquier cosa; terminas resignándote, y sólo quieres oír, observar ver.. ya no quieres pensar, para qué pensar.
Cuando eso pasa frecuentemente, cuando no se recibe respuesta por un buen periodo de tiempo, o cuando se reciben respuestas a medias, insatisfactorias, que no sirven de nada; después de ello queda un historial en tu disco duro; te acostumbras a ello y cambias, cambias a la hora de la expresión, de la comunicación. Después de eso, a partir de ese momento pierdes el sentido de expresar, cualquier cosa; terminas resignándote, y sólo quieres oír,
