viernes

La comunicación

La expresión del ser humano tiene un cierto objetivo conocido: manifestar la opinión. No obstante, detrás de esa opinión, sea crítica o sea una consolación a tu mejor amigo por la muerte de un familiar, está la intención de encontrar una respuesta que satisfaga el vacío -una crítica a tu punto de vista o un profundo agradecimiento-. Sin embargo, cuando la persona quien debe ofrecer una respuesta no tiene el mínimo interés por dar la misma, el emisor de aquella comunicación; el tipo que criticó o el tipo que manifestó una problemática, después de no recibir nada por respuesta; ningún producto útil  para procesar, tal persona queda perpleja, termina agotada y no sabe cómo culminar tal situación de una manera moralmente correcta.
Cuando eso pasa frecuentemente, cuando no se recibe respuesta por un buen periodo de tiempo, o cuando se reciben respuestas a medias, insatisfactorias, que no sirven de nada; después de ello queda un historial en tu disco duro; te acostumbras a ello y cambias, cambias a la hora de la expresión, de la comunicación. Después de eso, a partir de ese momento pierdes el sentido de expresar, cualquier cosa; terminas resignándote, y sólo quieres oír, observar ver.. ya no quieres pensar, para qué pensar.

sábado

Sueño vívido

Estoy en el banco, hago fila y hace calor; hace más calor que de costumbre. Estoy triste, más triste que lo usual, más cansado que de costumbre. 
Es Jueves en la tarde, pierdo mi tiempo, pierdo energía. Tengo un Déja vù y ni siquiera me queda algo qué pensar al respecto; aprendí no hace mucho que dios no existe, que el Déja vù no existe -es el cerebelo o es un acto previamente soñado que al fin se realiza, punto-; también concluí que no existe mi alma gemela y mucho menos yo cumpliendo mis sueños. 
Estoy en el banco, hago fila, hace calor; hace más calor que siempre, que de costumbre. Me doy cuenta que ya no me importa nada, mucho menos pagar mis cuentas con el estado. Decido salirme del banco faltando unos pocos puestos para llegar al cajero. Decido salir, después de hacer una cola de una hora y diez minutos. 
Así que salgo, un poco desubicado, un poco malhumorado. Noto que hay tráfico, que hace muchísimo calor. Me duele el pecho, me desespero, estoy ansioso. 
Mi corazón late muy rápido, como si de una situación peligrosa lidiara. El sol me está quemando la cara, sudo como nunca. Veo una sombra que proviene de dos grandes árboles, me dirijo hacia ellos. Me doy cuenta que estoy completamente exhausto, física y psicológicamente, así que trato de calmarme, de pensar en cosas triviales, de preocuparme menos. 
Una señora de unos treinta y cinco años me pregunta algo, tal vez por una dirección. Le respondo que no sé, que no me siento nada bien; ella me mira mal, se retira con un insulto gastado. Me doy cuenta que estoy peor de lo que pensaba; el dolor de pecho es más intenso, me mareo, pierdo fuerzas, estoy perdiendo la conciencia. La gente pasa, me mira con extrañeza, con preocupación. Podría pedir ayuda, podría pedirle a alguien que llame una ambulancia, pero no lo hago; no quiero. Estoy recostado sobre el tronco de un árbol. Creo que muero, me estoy muriendo, no hago nada al respecto. 
Hace calor, deseo que llueva un poco; deseo sentirme vivo, anhelando tan sólo sentir el dolor más intenso de la vida que se me va, se me escapa, que me deja con deudas; con deudas de lamento.

Cinco mil pesos

En el restaurante de la avenida diecinueve, toca la guitarra un chico de unos once años; no canta bien, toca formidable. La mesera me trae un café en leche con galletas de chocolate. Es realmente hermosa, es despampanante. Advierto sus delicados rasgos faciales, su cabello negro y brillante. Percibo sus delicadas manos y sus largos y bellos pies en sandalias marrones. Sonríe, se me eriza la piel. Voz suave, mirada desestabilizadora. 
-No tengo idea sobre quién seas, nunca te había visto en mi vida, lo que único que sé, sin embargo, es que quiero irme contigo, a alguna parte, donde sea, no importa. Puedes dedicarte a la cocina, o puedes estudiar psicología, tal vez tengas inquietud por la música o la pintura; quizás sepas cantar. Vayámonos a la costa, arrendemos un apartamento. Quiero verte en casa, que abramos una botella de vino en el anochecer, mirando las estrellas parpadear. Quiero amanecer contigo, quiero verte sobre mi cama arropada con sábanas cálidas de seda. Quiero prepararte el desayuno, deseo llevártelo a la cama. Quiero verte envuelta en una toalla al salir de la ducha; quiero componerte canciones con mi guitarra, quiero dedicarte poemas, quiero escribir un libro acerca de nosotros, de los dos, de ésto. Quiero hacerte muy feliz, no sé, eso pasa, que de la nada sale lo mejor; esto puede funcionar -Le dije, mirándola seriamente, mirándola con deseos y ganas incontrolables de vivir, de sentir; de renacer. Nunca antes me había pasado; era  tan hermosa que no lo pude evitar.
-Son cinco mil pesos.
-¿Qué dices?
-Un café en leche y cuatro galletas de chocolate; cinco mil, por favor.
En ocasiones, un cuaderno y un bolígrafo son la única manera de esconderse, de perderse, de soñar. 

jueves

Como a los diez

Al escuchar música, cuando escuchas tu canción favorita y te dan ganas de hacer air-drumming -si acaso es una balada americana, si acaso es The Smiths o The Cure... Yo sé, yo sé-. Cuando pasa eso, cuando encuentras que una canción lo dice todo, que es perfecta, que no podría ser mejor; cuando pasa eso, cuando sientes algo entre tu pecho, cuando intentas descifrar lo que sientes, cuando escuchas consciente; cuando se te olvidan tus problemas, cuando sabes que nada es tan cruel... Cuando pasa eso, decía, te invade una cálida intención de volver a vivir, de perdonar y olvidar lo negativo; te dan ganas de renacer, de tener diez años de nuevo y de besar a la niña que no te atreviste a besar por inseguridad; te dan ganas de tener diez años y de aprender a tocar el saxofón. Por alrededor de unos cuatro minutos tú conoces lo que es arrepentirse y al mismo tiempo conoces lo que es tener tanta esperanza para el futuro. Cuando escuchas música, al escuchar tu canción preferida, te imaginas de diez años, intentando salvar el mundo, intentando ser feliz. 
Luego, abres los ojos, estás en tu oficina, vuelves a tu eterna pesadilla que se va, que se oxida; tu vida, con una dosis de tres gotitas más... dosis de realidad. 

viernes

Segundos de buenos aromas

Estoy solo -Pienso-. Estoy solo y canto. A veces también río y miro; te miro... Te miro desde lejos, a detalle. Escucho la vida, escucho cosas, escucho baladas en ocasiones; me relaja el sonido del piano y dulces melodías de guitarra. Grito después, sangro y sueño con abofetearte, con pegarte en tu cara, con rocas; rocas y cosas muy sólidas. Soy violento, muy violento; sin embargo, me gusta sonreír cuando huelo tu cabello, ya que siento que me alegro por dentro, en mis entrañas, de tenerte junto a mí, de proveerte seguridad y momentos de risas; cuando comento un chiste no gracioso, cuando muevo las caderas en momentos de seriedad absoluta. Así que me siento feliz, contento de que estés aquí durante ráfagas de segundos; porque es que... cuando estás junto a mí el sol se engorda, la luna adelgaza; el día es lindo, es más lento y vívido; es lindo, decía... es bonito el día de cama con horas extras. 
Es lindo todo, como un sueño raro y entretenido en medio de tragedias familiares; como cuando ríes y tus ojos gotean al ver tu vida minúscula. Es lindo todo, lindo como cuando pretendemos enamorarnos aun sabiendo que aquellos saben que no lo estamos; como cuando llueve y sientes que es hora de escribir cosas lindas aun cuando toda la vida está untada de mierda derretida. 
Cuando estás conmigo es todo lindo porque mis ojos se convierten en portones adornados, en perfumes baratos cuya fragancia sólo perdura en tu nuca mientras te huelo, beso y abrazo. Es también bonito todo -cuando me miras-, porque me siento satisfecho, como si hubiera hecho algo majestuoso, como si hubiera salvado tu día; como si fuera yo tu verdadera caricia al alma. Como si existiera el alma. 

jueves

Conciencia

Está la vida fácil, la vida complicada; la vida de los amantes de la música y la vida de los fanáticos de fútbol o religión. La vida de los sociables, la de los insociables; la vida de los que se quejan, la de los que callan mientras se mueren por dentro. Está también la vida de quien nos ayuda y la del ambicioso que no nos ayuda; la de los que son violentos y la de los que dan un abrazo cálido y son rechazados. Las vidas... Las vidas son todas la misma cosa, la misa vaina, el mismo camino tomado desde diferentes perspectivas; y todas son producto de muchos factores que si nos pusiéramos a detallar, les hallaríamos razones; razones a esas vidas que son las mismas, tomadas desde diferentes perspectivas. Sin embargo, son muy pocas las personas que están conscientes de esas vidas; de la vida. Pocos... son conscientes de lo que hacen, piensan y sienten. Te digo esto para que puedas entender la razón por la cual lloro por cualquier cosa, inclusive cuando me aburro; siempre encontraré el viento rasgándome los sentidos. Siempre.

lunes

Lunes

Eran -creo yo-, alrededor de las 5 am. Sin control, despeinado, riéndome, a gritos. Eché un vistazo hacia las montañas: luces fosforescentes, sonidos retumbantes. Gritos, risas. Risas y corazones ilusionados. Era de madrugada, reía, me veían reír, y no me satisfice, ni a los cordones.

sábado

Razones

–Te quiero.
–¿Por qué?
–Te quiero, te quiero porque me atraes, me gustas. 
–Eso es muy común, muy genérico. Tienes que darme un porqué, alguna especificidad. 
–Está bien. Te quiero porque me gusta mucho tu forma de ser, eres cómico, me haces reír.
–Dime una cualidad real, eso es por la novedad.
–Atracción física, eso es. Me atraes, físicamente. 
–Eso es temporal, se desvanece con más rapidez. 
–Te necesito.
–Inseguridad, eso es inseguridad
–Eres buena compañía. 
–Sabes, suena muy limitado, se puede decir lo mismo de una mascota, de un animal. 
–Somos el uno para el otro, siento que somos almas gemelas, que el destino se las arregló para ponernos en un mismo camino para que nos cruzáramos. Siento también que me completas, creo que yo también te completo, que encajamos de manera única, perfecta, ideal.
–Deja de ser fatalista. Si fuera así, ¿dónde queda la voluntad?
Hay una pausa, un silencio prolongado. Se puede apreciar el sonido de una balada proviniendo del apartamento del frente, y ruidos de carros por llegar a alguna parte, proviniendo de afuera, a través del ventanal.
–Sí, no sé, tal vez tengas razón. Quizás no te quiero.
–Y por un instante pensé de verdad que eras la persona perfecta para mí, qué lástima.

domingo

Compensaciones

Es una ley de la física, que ya ha sido escuchada por muchos, pero que falta por ser analizada un poco más. La ley, la de física, a la misma que me estaba refiriendo; trata de que a mayor tamaño del paraguas, menor será el tamaño del pene de su portador o compañero sentimental de la portadora. Entonces cuando camino por la calle y me cruzo con una mujer protegida por su paraguas; por su hombre portador, creo que por un instante los tres sonreímos, como quienes comparten y sobrellevan un gran secreto el cual se tiene que bien cuidar.  

viernes

Intolerancia

La mujer me comentaba sobre su atestada vida social como un signo de distinción. Entonces me manifestó su problema, su inconveniente que la atormentaba tanto. Me contó que ella era muy sociable por la sencilla razón que no soportaba estar ni un minuto sola, se desesperaba. Yo comenté lo que tenía que comentar; le dije que si ella no se soportaba a ella misma, yo no tendría por qué intentarlo ni un poquito.

martes

Soledad

Eres una gran persona. A veces, sin embargo, no puedo darte la mano cuando tienes esa mirada de terrestres inconscientes.

lunes

Represarias

"Estoy muerto, me has matado" -Fernándo

Iba dando pequeños saltos por la plaza, preocupado y alegre; no tenía boca, no tenía ojos, sólo tenía unas medias rotas y estaba sin ropa interior. Estaba avergonzado, estaba feliz. Me di cuenta que me gustaba estar en  exhibición, mostrar mis partes íntimas y reírle a todos, reírles sin boca ni ojos. Me di cuenta, también, que me gustaba tirar la piedra y esconder la mano, o rozarles mis partes íntimas, también.

Desperté, abrí los ojos, eran las cinco de la madrugada -aunque acá termina de ser madrugada precisamente a la cinco, porque la gente entra a trabajar y estudiar todavía con el resplandor de la luna en sus espaldas, y esperan que uno se concentre-. Me sentía agitado, malhumorado, tenía una erección, de esas de adolescencia un domingo a las nueve de la mañana, me sentía joven, me sentía bien, mejor.

Esperé a que la alarma de mi celular se activara, a las 5:05 am, me había ido a la cama cinco minutos tarde, tenía que reponerlo, porque en esos cinco minutos finales es que uno se siente mejor, es cuando uno finalmente está por besar a Rosalina, después de ser su guardaespaldas por siete años y sufrir la muerte trágica de la esposa de uno, y ella, finalmente, se da cuenta que uno es el indicado. Entonces se acerca, lo mira a uno, sonríe, y su bello rostro blanquecino, luego, por supuesto, se transforma en mi ex esposa, porque, claro, es hora de despertar, es hora de sufrir, otra vez, otro día más.

Traté de calmarme, sabía que iba a ser un día largo, tenía muchas cosas por hacer. Sabía de mi enfermedad, sabía que debía cerciorar el grifo de la ducha cuatro o cinco veces, dependiendo de mi ansiedad, como también la puerta de la nevera, por eso tomaba agua en el trabajo, porque me daba mucho miedo la nevera, era tan frágil, no creo que se pudiera cerrar por sí sola. Y mis reportes a entregar, mis papeles, mis llaves, mis lapiceros, mis colores; también mi soga, mi sillón y mis ganas de acabar con todo. 

Estoy muerto, pero tú sabes que viví y soporté tanto tiempo, hasta ahora; y sabes muy bien, que es imposible terminar con mi vida por medio de mis inútiles intentos, y porque no me pude suicidar tomé esta decisión. Hoy, a las ocho en punto exactamente, abriste mi puerta, y al hacerlo, automáticamente escuchaste algo muy parecido a la causa de la muerte de vaqueros en esas películas que nos solía gustar ver. Me habrás matado, me mataste. Esta carta, la que lees mientras derramas lágrimas, se convierte en la salvación. Me has salvado, y te has salvado. Ya no tendrás que lidiar con mis duros días de ansiedad.

La profundidad

En la vida, a veces, uno tiene que estar solo para pensar de una manera única. Cundo uno está rodeado de gente todo el tiempo, uno no piensa, la gente piensa por uno, de alguna u otra manera, la gente piensa por uno. Así seas un líder por naturaleza, ese viejo sabio y esa niñita con ojos ansiosos por respuestas, te hacen cambiar tu perspectiva, tú vida, o sea, lo natural. Porque la vida es cruel, es jodida, es natural. No es linda; la vida es todo lo opuesto a condescendiente y superficial, porque la vida es compleja y tiene sus planos paralelos que te hacen a veces dudar sobre la existencia de un ser supremo, por ejemplo, o sobre si lo amas, a aquél que te roba suspiros, o si tan sólo lo quieres. Te hacen dar dudas, esos planos paralelos.

Yo, yo estuve mucho tiempo solo. Yo, ahora, tengo mucho tiempo en soledad, para contemplarla, para sufrirla, para pensar, para pensar estupideces sin sentido, como ahora. Por eso he llegado a la siguiente conclusión: la vida, entre más natural que te la tomes, más repugnante la vas a percibir. Así que ve, dale, sal a rumbear, sal a fumar, tomate todo el licor que quieras, despilfarra tu dinero en comida, y en prostitutas si quieres. A la vida, tómatela de un sorbo, sin anestesia, sin sal al tequilita, tómatela superficialmente. No te deprimas, la vida insustancial es de lo más rica en términos de alegrías, alegrías pasajeras, pero por montones.

Y yo que soy el profundo, estoy hecho una mierda.

sábado

Lo inminentemente pensado

Yo pienso muchas cosas en muy poco tiempo. Soy como esas personas que se bloquean en su discurso simplemente porque se acuerdan, simultáneamente, de cómo carajos puede la respiración ser involuntaria y de cómo puede el corazón latir sin parar por hasta cien años o más -si te la pasaste ejercitando y comiendo 'verde' como un maldito obsesivo compulsivo por esos cien años de tu vida-. Entonces me tapo, como cuando uno caga un pastelillo de mierda y por más fuerza física y psíquica que uno haga ese hijo de puta no se lo lleva el retrete, así. 

Me desconcentro tan fácil que me resulta paradójico que no hace media hora estuviera componiendo un cover de Losing my religion de R.E.M en mi guitarra vino tinto, y que pueda hablar en inglés teniendo tantas veces, como ahora, tantos problemas para seleccionar un adjetivo adecuado para cada contexto de cada texto que escribo. Mi intelecto inconsciente es... it's very sofisticated.

Por esa razón muchas veces dejo de pensar, o bueno, trato de dejar de pensar, como ahora. Por eso en ocasiones dejo que mi respiración sea consciente para lograr practicar el rebirthing -como aquél libro, ¿te acuerdas?- y trato de que mi corazón se paralice por unos segundos a ver si dejo de sentir cosas que no tienen sentido, como las cosas que a veces te digo, que no tienen sentido, que hieren y vuelven y lastiman. Por eso te pido disculpas por ser un pensador compulsivo. Tal vez a veces no tenga la culpa simplemente porque vivo en mi bola de cristal flotando alrededor de la nada, y tú, tú eres más real, más de acá. 

De todas maneras te pido perdón, de todas maneras estoy pensando otra vez, de todas maneras me vas a tener que aceptar mis disculpas el día de mañana porque lo voy a echar a perder de nuevo. 

De todas maneras sigo pensando, después de todo, que me voy a quedar sin ti, sin nadie, solo por acá, ahogado entre la multitud, pero sin nadie abrazándome por la espalda diciéndome -Tranquilo, todo va a estar bien-.


jueves

Palabras en antifaz

El cantante de esas bandas siempre famosas pero que nunca había escuchado de ellas hasta el momento, -¡porque es que hay tantas!, porque sus nombres raros me hacen olvidar, o porque escuché hablar de ellas alguna vez y las olvidé por mi extraña memoria y su mecanismo de descarte, o tal vez por la misma razón que no sé cómo carajos "Bordeaux" se pronuncia "Bordó" en francés-; manifiesta que ha dejado su adicción a la cocaína, que la ha dejado, que la rehab fue, sin dudas, todo un éxito y que estaba muy contento de saber que podía una vez más vivir en tranquilidad, sin sustancias que le dieran momentos de tristeza. 

-Ahora me siento muy bien -dice-, pero hay algo que no dice.

Cuando un ser humano interrumpe el contacto con alguien o con algo que logra ser su fuente de atracción -que por algo se toma como atractivo, porque uno puede llegarse a sentir atraído; porque es atrayente, deslumbrante, fascinante, aunque no se considere en realidad fascinante por sus precarios beneficios a la salud, esa fuente de atracción que puede modificar el organismo, que cambia la realidad por surrealismo, que proporciona ventilación y brillo a la vida de un animal complejo como el humano-, despedirse de esa fuente de placer es como separar a dos personas que han experimentado muchos buenos momentos juntos, es como despedirse de tu mejor amigo, es como dejar de consumir. 

Cuando eso pasa siempre queda un rictus, una fea y triste mueca que tienes que disimular bien porque acabas de dejar de consumir cocaína. Te sientes mucho más triste que bien.

viernes

Olor a...

He de reconocer que mi memoria es muchísimo mejor que muchas memorias de personas que tienen la capacidad de memorizar 20 números diferentes en un orden que se asemeja a una larga capicúa. La mía es todo lo opuesto a rutinaria; ella es como la tierra y sus derivados fantasiosos llamados noche y día. Cambia y toma color de madrugada y logra descifrar el misterioso polvo surfeando en aire blanco y negro, sobre partículas de agua y piel muerta, sobre mí, sobre todo, sobre absolutamente nada. Esa es mi memoria.

Cuando quiere se puede convertir en fotografía, en libro y en alfabeto cirílico. Es larga y profunda, es imaginativa y  bastante confusa. Es mi diario de vida con sus tachados sobre, tal vez, algún encuentro siniestro de mí, el rostro más lindo de todas y todos y el olor a rosas casi marchitas junto con mi larga espera. No sabría contarte cómo fue, pregúntame mientras duermo.

Mi memoria está sobre un terreno irregular. Tiene subidas y bajadas dentro de una bola falta de contener fuerza de gravedad. Escaleras ascendentes y descendentes acompañadas de sonrisas, de nervios insoportables de entrar al colegio un lunes, martes y miércoles en la mañana; y de olores a álbumes de pokemón. 

Cada 31 de diciembre a las 11:59 pm, años pasan en hilera, son blancos con bordes negros. El número 1 tiene a su izquierda un charco de frustración porque su compañero de viaje número 0 quedó al otro lado del mar, los separa un delicada linea áspera, es tétrico y da escalofríos, es ambigüo pero gracias a mi hermosa memoria, la mejor del mundo, puedo saber que mi número 4 siempre ha sido y será de color púrpura. 

Eres muy dolorosa y poco amistosa; eres cruel y perversa. Y aunque no logres proveerme muchos de mis errores dejándome en ridículo por no saber qué pasa, gracias por todo, memo. 



lunes

Mi mundo animal

Hoy recuerdo haber visto a un insecto desconocido refugiándose entre manitas y dientes ajenos, cubierto de una humedad fría y amenazadora.

Mi gata.

Él saltaba, se movía, chapoteaba para poder vivir. Se había convertido en postre sin haberse dado cuenta. Mi gata no le dolía detallar tal barbarie, lo disfrutaba como su primer bocadillo. El insecto evaporaba dolor y angustia. Ella meneaba su cola peluda de un lado a otro mientras disfrutaba del agite de su entretenimiento. Al cabo de varios segundos de sufrimiento y emoción, de repente, no hubo más interés de mi gata por su dulce amigo agrio; ya no se movía, había sido completamente destrozado por las garras y colmillos de otro organismo vivo a quien yo llamo mi inocente gata llamada Cristal. 

Yo nada más observaba. 

Me comencé a sentir mal, muy mal. Tan mal que de un momento a otro se me debilitaron las piernas. Me sentía sucio, cómplice, enemigo, competencia. Me sentía tranquilo y a la misma vez quería correr lejos de semejante depredador a mis pies. Sosegarme con pensar que aquella representación voraz unilateral  era tan sólo naturaleza, la misma que me enseñaron durante todo el colegio, la misma que hablaba de los delfines y su placer por el sexo y de cómo una mantarraya mataría a mi personaje favorito, me asustó inclusive mucho más.

Luego de pensar por unos minutos en si debí haber salvado al maldito insecto llevado por el demonio, me relajé, entendí. Había entendido que no había nada que yo podía hacer. Mi gatita estaba satisfecha y reluciente. Sé que no es de raza porque me han dicho, y aunque todavía no sé ni mierda acerca de gatos salvo que la rompen durísimo cuando de expresar su amor a su pareja se trata, y que por culpa de los aquellos gemidos melodiosos a veces no puedo dormir de noche... su mirada de retadora ambiciosa me decía que no debería nunca más confiar en ningún gato. Para ese momento sabía que mi gata no tenía ni un pelo de inocente, y con tan sólo 3-4 meses de edad ya quería revolcarse con su Romeo bien arriba en el tejado. 

Ahora se parecía más a un cucarrón, pero era grandísmo. Una pata aquí y otra allá, me acerqué con cuidado y miedo porque pensaba que a pesar de tal experimento de tortura iba a moverse y hacerme brincar y gritar empedernido por toda la casa. Así soy yo; una completa hueva con cualquier cosa que tenga superficie blanda, oscura, o de colores vivos y con pelos. 

El punto es que no se movió. Me hizo pensar en todo un proceso de metamorfosis. Quería leer "La metamorfosis" de nuevo, pero temía encontrar en alguna página del libro algún párrafo con alguna oración la cual plasmara alguna palabra relacionada con los gatos y su poder misterioso de transformar los humanos en bichos para después matarlos y así apoderarse del planeta tierra. Ahora pensaba en quién podría haber sido ese cucarrón sobre mi palma desnuda. Ya no tenía miedo, sólo quería observar minuciosamente el cuerpo de mi posible próxima  reencarnación. 

viernes

Ba ba ba

¿Te confieso algo? - A veces no logro comprender a las cosquillas que siento a lo largo de mi pecho; mis sentimientos. No tengo la conexión inalámbrica que enlace mis emociones, sentimientos (¡y cosas que pueden ser tan ambiguas!)con mi cabeza y en ella realizar un análisis minucioso como el que se tiene que someter cualquier colombiano en cualquier aeropuerto del mundo. ¡No es tan fácil para mí! no consigo saber qué responder en el momento indicado, y mucho menos cuando me apuras. No lo hago. Aunque si hiciera nada sería mejor, pero de mi boca salen oraciones sin sentido, incoherentes y que además si me encuentras ansioso y nervioso: Incomprensibles. 

Entiendo cuando me afirmas que ya no confías en mí de la misma manera. De hecho, si fuera tú tampoco lo haría; porque soy muy pretencioso y perfeccionista como para engendrar una respuesta que sea lo suficientemente brillante o al menos comprensible. (¡O siquiera un susurro!). rodeado de una inocencia más inocente que quien está leyendo esto ahora.