–Te quiero.
–¿Por qué?
–Te quiero, te quiero porque me atraes, me gustas.
–Eso es muy común, muy genérico. Tienes que darme un porqué, alguna especificidad.
–Está bien. Te quiero porque me gusta mucho tu forma de ser, eres cómico, me haces reír.
–Dime una cualidad real, eso es por la novedad.
–Atracción física, eso es. Me atraes, físicamente.
–Eso es temporal, se desvanece con más rapidez.
–Te necesito.
–Inseguridad, eso es inseguridad
–Eres buena compañía.
–Sabes, suena muy limitado, se puede decir lo mismo de una mascota, de un animal.
–Somos el uno para el otro, siento que somos almas gemelas, que el destino se las arregló para ponernos en un mismo camino para que nos cruzáramos. Siento también que me completas, creo que yo también te completo, que encajamos de manera única, perfecta, ideal.
–Deja de ser fatalista. Si fuera así, ¿dónde queda la voluntad?
Hay una pausa, un silencio prolongado. Se puede apreciar el sonido de una balada proviniendo del apartamento del frente, y ruidos de carros por llegar a alguna parte, proviniendo de afuera, a través del ventanal.
–Sí, no sé, tal vez tengas razón. Quizás no te quiero.
–Y por un instante pensé de verdad que eras la persona perfecta para mí, qué lástima.
No hay comentarios:
Publicar un comentario