martes

No hace falta

     No me falta querer para recordar. Cuando leo no me hace falta asociar palabras que has gesticulado o escrito con las que estoy percibiendo; en la noche no me es necesario asociar la melancolía con tu exquisita tristeza, con tus quejas. Cuando miro arriba, al cielo, a las estrellas, bueno, eres tú en totalidad, yo no tengo nada que ver.
     Lo que intento decir es que cuando interceptas mi funcionalidad cerebral y te apareces en mi mente, es como si utilizaras mis ojos para proyectar tus mensajes fuertes, hacia la pared rugosa del frente, un poco húmeda pero tal humedad desaparece con la imagen, tu figura, tus palabras. 
     No me falta querer recordarte, puesto que no hace falta asociar, ni pensar casi, a voluntad.
     No, no... Lo demás es redundancia. 

jueves

Ausente

     Cuando llueve te pueden pasar tantos pensamientos por la cabeza como las mismas gotas que alcanzas a detallar, mirando hacia afuera, por el ventanal. Cuando llueve crees sentir lo que nunca nadie pudo haber sentido; las melodías retumbantes, que si te llegas a concentrar, puedes introducirte en un pasaje secreto en donde todo se sabe, todo se quiere, todo se siente. Cuando llueve, decía, pasan muchas cosas por tu mente. Así que tanto piensas y piensas en divagar y divagar que no piensas ni divagas; mueres.
     Te cuento esto porque como cuando llueve, yo me relajo mucho y me evaporo -dejo de pensar y solamente siento-; siento tu presencia, y al igual que una pieza de Jazz de bajo tono en fino restaurante, siento que unas cuantas quejas y agrios gestos sobornan tu dulzura de voz y rostro, no dándome otra opción sino perderme en lo que alguna vez fue; cuando no necesitábamos hablar para conversar. 

Quisiera

     Sé que estás triste, un poco desilusionada, pero aun así te quisiera decir algo que quizá anhelas escuchar: te quisiera decir que soy  mejor con la escritura que con mi voz; que con las palabras escritas puedo ir lento y rápido al mismo tiempo; que también puedo ser ordenado y profundo. Y aunque sea una simple justificación, lo contrarresta notablemente, ¿no es así? 
     Esa insatisfacción que tienes luego de interactuar conmigo cara a cara, después de venir con una gran esperanza y deseo... Deseo de encontrar en mi voz, en mi material fonológico, algo que te completara, que te curara... Algo que se ajustara a tu ser en totalidad, como si de verter tu café se tratara... En tu taza preferida. Después de eso sólo me queda por desear explicarte que soy muy capaz de hacerte feliz, muy feliz.
     Pero soy yo; no soy nada de lo que quisiera decirte que soy; no soy tu personaje de libro favorito, ni seré jamás lo que necesitas. Te digo esto porque a pesar de todo lo que pasó, tus ojos todavía se iluminan cuando me ves, y eso me hace pensar que algo está mal, que no me conoces bien.