No me falta querer para recordar. Cuando leo no me hace falta asociar palabras que has gesticulado o escrito con las que estoy percibiendo; en la noche no me es necesario asociar la melancolía con tu exquisita tristeza, con tus quejas. Cuando miro arriba, al cielo, a las estrellas, bueno, eres tú en totalidad, yo no tengo nada que ver.
Lo que intento decir es que cuando interceptas mi funcionalidad cerebral y te apareces en mi mente, es como si utilizaras mis ojos para proyectar tus mensajes fuertes, hacia la pared rugosa del frente, un poco húmeda pero tal humedad desaparece con la imagen, tu figura, tus palabras.
No me falta querer recordarte, puesto que no hace falta asociar, ni pensar casi, a voluntad.
No, no... Lo demás es redundancia.
No, no... Lo demás es redundancia.