Cuando llueve te pueden pasar tantos pensamientos por la cabeza como las mismas gotas que alcanzas a detallar, mirando hacia afuera, por el ventanal. Cuando llueve crees sentir lo que nunca nadie pudo haber sentido; las melodías retumbantes, que si te llegas a concentrar, puedes introducirte en un pasaje secreto en donde todo se sabe, todo se quiere, todo se siente. Cuando llueve, decía, pasan muchas cosas por tu mente. Así que tanto piensas y piensas en divagar y divagar que no piensas ni divagas; mueres.
Te cuento esto porque como cuando llueve, yo me relajo mucho y me evaporo -dejo de pensar y solamente siento-; siento tu presencia, y al igual que una pieza de Jazz de bajo tono en fino restaurante, siento que unas cuantas quejas y agrios gestos sobornan tu dulzura de voz y rostro, no dándome otra opción sino perderme en lo que alguna vez fue; cuando no necesitábamos hablar para conversar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario