Estoy solo -Pienso-. Estoy solo y canto. A veces también río y miro; te miro... Te miro desde lejos, a detalle. Escucho la vida, escucho cosas, escucho baladas en ocasiones; me relaja el sonido del piano y dulces melodías de guitarra. Grito después, sangro y sueño con abofetearte, con pegarte en tu cara, con rocas; rocas y cosas muy sólidas. Soy violento, muy violento; sin embargo, me gusta sonreír cuando huelo tu cabello, ya que siento que me alegro por dentro, en mis entrañas, de tenerte junto a mí, de proveerte seguridad y momentos de risas; cuando comento un chiste no gracioso, cuando muevo las caderas en momentos de seriedad absoluta. Así que me siento feliz, contento de que estés aquí durante ráfagas de segundos; porque es que... cuando estás junto a mí el sol se engorda, la luna adelgaza; el día es lindo, es más lento y vívido; es lindo, decía... es bonito el día de cama con horas extras.
Es lindo todo, como un sueño raro y entretenido en medio de tragedias familiares; como cuando ríes y tus ojos gotean al ver tu vida minúscula. Es lindo todo, lindo como cuando pretendemos enamorarnos aun sabiendo que aquellos saben que no lo estamos; como cuando llueve y sientes que es hora de escribir cosas lindas aun cuando toda la vida está untada de mierda derretida.
Cuando estás conmigo es todo lindo porque mis ojos se convierten en portones adornados, en perfumes baratos cuya fragancia sólo perdura en tu nuca mientras te huelo, beso y abrazo. Es también bonito todo -cuando me miras-, porque me siento satisfecho, como si hubiera hecho algo majestuoso, como si hubiera salvado tu día; como si fuera yo tu verdadera caricia al alma. Como si existiera el alma.