jueves

Palabras en antifaz

El cantante de esas bandas siempre famosas pero que nunca había escuchado de ellas hasta el momento, -¡porque es que hay tantas!, porque sus nombres raros me hacen olvidar, o porque escuché hablar de ellas alguna vez y las olvidé por mi extraña memoria y su mecanismo de descarte, o tal vez por la misma razón que no sé cómo carajos "Bordeaux" se pronuncia "Bordó" en francés-; manifiesta que ha dejado su adicción a la cocaína, que la ha dejado, que la rehab fue, sin dudas, todo un éxito y que estaba muy contento de saber que podía una vez más vivir en tranquilidad, sin sustancias que le dieran momentos de tristeza. 

-Ahora me siento muy bien -dice-, pero hay algo que no dice.

Cuando un ser humano interrumpe el contacto con alguien o con algo que logra ser su fuente de atracción -que por algo se toma como atractivo, porque uno puede llegarse a sentir atraído; porque es atrayente, deslumbrante, fascinante, aunque no se considere en realidad fascinante por sus precarios beneficios a la salud, esa fuente de atracción que puede modificar el organismo, que cambia la realidad por surrealismo, que proporciona ventilación y brillo a la vida de un animal complejo como el humano-, despedirse de esa fuente de placer es como separar a dos personas que han experimentado muchos buenos momentos juntos, es como despedirse de tu mejor amigo, es como dejar de consumir. 

Cuando eso pasa siempre queda un rictus, una fea y triste mueca que tienes que disimular bien porque acabas de dejar de consumir cocaína. Te sientes mucho más triste que bien.

viernes

Olor a...

He de reconocer que mi memoria es muchísimo mejor que muchas memorias de personas que tienen la capacidad de memorizar 20 números diferentes en un orden que se asemeja a una larga capicúa. La mía es todo lo opuesto a rutinaria; ella es como la tierra y sus derivados fantasiosos llamados noche y día. Cambia y toma color de madrugada y logra descifrar el misterioso polvo surfeando en aire blanco y negro, sobre partículas de agua y piel muerta, sobre mí, sobre todo, sobre absolutamente nada. Esa es mi memoria.

Cuando quiere se puede convertir en fotografía, en libro y en alfabeto cirílico. Es larga y profunda, es imaginativa y  bastante confusa. Es mi diario de vida con sus tachados sobre, tal vez, algún encuentro siniestro de mí, el rostro más lindo de todas y todos y el olor a rosas casi marchitas junto con mi larga espera. No sabría contarte cómo fue, pregúntame mientras duermo.

Mi memoria está sobre un terreno irregular. Tiene subidas y bajadas dentro de una bola falta de contener fuerza de gravedad. Escaleras ascendentes y descendentes acompañadas de sonrisas, de nervios insoportables de entrar al colegio un lunes, martes y miércoles en la mañana; y de olores a álbumes de pokemón. 

Cada 31 de diciembre a las 11:59 pm, años pasan en hilera, son blancos con bordes negros. El número 1 tiene a su izquierda un charco de frustración porque su compañero de viaje número 0 quedó al otro lado del mar, los separa un delicada linea áspera, es tétrico y da escalofríos, es ambigüo pero gracias a mi hermosa memoria, la mejor del mundo, puedo saber que mi número 4 siempre ha sido y será de color púrpura. 

Eres muy dolorosa y poco amistosa; eres cruel y perversa. Y aunque no logres proveerme muchos de mis errores dejándome en ridículo por no saber qué pasa, gracias por todo, memo. 



lunes

Mi mundo animal

Hoy recuerdo haber visto a un insecto desconocido refugiándose entre manitas y dientes ajenos, cubierto de una humedad fría y amenazadora.

Mi gata.

Él saltaba, se movía, chapoteaba para poder vivir. Se había convertido en postre sin haberse dado cuenta. Mi gata no le dolía detallar tal barbarie, lo disfrutaba como su primer bocadillo. El insecto evaporaba dolor y angustia. Ella meneaba su cola peluda de un lado a otro mientras disfrutaba del agite de su entretenimiento. Al cabo de varios segundos de sufrimiento y emoción, de repente, no hubo más interés de mi gata por su dulce amigo agrio; ya no se movía, había sido completamente destrozado por las garras y colmillos de otro organismo vivo a quien yo llamo mi inocente gata llamada Cristal. 

Yo nada más observaba. 

Me comencé a sentir mal, muy mal. Tan mal que de un momento a otro se me debilitaron las piernas. Me sentía sucio, cómplice, enemigo, competencia. Me sentía tranquilo y a la misma vez quería correr lejos de semejante depredador a mis pies. Sosegarme con pensar que aquella representación voraz unilateral  era tan sólo naturaleza, la misma que me enseñaron durante todo el colegio, la misma que hablaba de los delfines y su placer por el sexo y de cómo una mantarraya mataría a mi personaje favorito, me asustó inclusive mucho más.

Luego de pensar por unos minutos en si debí haber salvado al maldito insecto llevado por el demonio, me relajé, entendí. Había entendido que no había nada que yo podía hacer. Mi gatita estaba satisfecha y reluciente. Sé que no es de raza porque me han dicho, y aunque todavía no sé ni mierda acerca de gatos salvo que la rompen durísimo cuando de expresar su amor a su pareja se trata, y que por culpa de los aquellos gemidos melodiosos a veces no puedo dormir de noche... su mirada de retadora ambiciosa me decía que no debería nunca más confiar en ningún gato. Para ese momento sabía que mi gata no tenía ni un pelo de inocente, y con tan sólo 3-4 meses de edad ya quería revolcarse con su Romeo bien arriba en el tejado. 

Ahora se parecía más a un cucarrón, pero era grandísmo. Una pata aquí y otra allá, me acerqué con cuidado y miedo porque pensaba que a pesar de tal experimento de tortura iba a moverse y hacerme brincar y gritar empedernido por toda la casa. Así soy yo; una completa hueva con cualquier cosa que tenga superficie blanda, oscura, o de colores vivos y con pelos. 

El punto es que no se movió. Me hizo pensar en todo un proceso de metamorfosis. Quería leer "La metamorfosis" de nuevo, pero temía encontrar en alguna página del libro algún párrafo con alguna oración la cual plasmara alguna palabra relacionada con los gatos y su poder misterioso de transformar los humanos en bichos para después matarlos y así apoderarse del planeta tierra. Ahora pensaba en quién podría haber sido ese cucarrón sobre mi palma desnuda. Ya no tenía miedo, sólo quería observar minuciosamente el cuerpo de mi posible próxima  reencarnación. 

viernes

Ba ba ba

¿Te confieso algo? - A veces no logro comprender a las cosquillas que siento a lo largo de mi pecho; mis sentimientos. No tengo la conexión inalámbrica que enlace mis emociones, sentimientos (¡y cosas que pueden ser tan ambiguas!)con mi cabeza y en ella realizar un análisis minucioso como el que se tiene que someter cualquier colombiano en cualquier aeropuerto del mundo. ¡No es tan fácil para mí! no consigo saber qué responder en el momento indicado, y mucho menos cuando me apuras. No lo hago. Aunque si hiciera nada sería mejor, pero de mi boca salen oraciones sin sentido, incoherentes y que además si me encuentras ansioso y nervioso: Incomprensibles. 

Entiendo cuando me afirmas que ya no confías en mí de la misma manera. De hecho, si fuera tú tampoco lo haría; porque soy muy pretencioso y perfeccionista como para engendrar una respuesta que sea lo suficientemente brillante o al menos comprensible. (¡O siquiera un susurro!). rodeado de una inocencia más inocente que quien está leyendo esto ahora.