martes

Humana imposibilidad

Y en cuanto comencé a exasperarme a mí mismo al contemplar el mismo asunto que había entrado a mi cabeza unos cuantos años atrás, supe de inmediato que nunca más volvería a cambiar, que iría a ser el mismo por siempre, mientras viviera. 
Evolucionar, ¿qué es aprender? -o para ser exacto-, ¿qué es aprender de los errores? ¿acaso algo que todos hacen menos yo? Tal vez sería algo que nadie hace pero todos promocionan, como un producto artificial por los medios de comunicación. Nunca lo entendería, y aún en mis entrañas anhelaba que fuese más accesible... para sobrevivir, para dejar de ser el mismo, mientras viviera.
El sueño de pulirse a uno mismo siempre toma lugar en las prioridades de las personas, desde su niñez hasta siempre. Todas, aquellas que había conocido, siempre se habían quejado por ser ellas, y me hacía pensar en lo mucho que perdíamos por analizar tal asunto desde un punto de vista tan desfavorable: el humano. 
Eran como las cinco, era un atardecer de esos de poesía y yo, tan sólo sonreía incómodo, tratando de llegar a los pormenores de la belleza del sol reflejado en nubes, diseñado para hacer llorar pero que, sin razón alguna, no me hacía llorar, no me entregaba el secreto, el secreto de la vida, ya que pensaba que si no era para ser feliz no tendría idea para qué más uno podría estar allí, respirando, procurando, o acaso pretendiendo evolucionar.
Recordé unas citas de algunos filósofos, relacionadas con la fallida misión de los que se sumergían en la fantasía, dejando en el olvido la realidad. -¿La realidad, qué se supone que es? -pensaba, considerando las innumerables veces que los humanos se han sorprendido vigorosamente producto de la ciencia; pensaba, considerando las múltiples ocasiones que había comparado la realidad con la fantasía, y aun así, no lograba hallar mayor diferencia. Y es que los que afirman que la realidad y fantasía difieren entre sí deben ser personas carentes de definir, a pesar de la ambigüedad de la vida, el significado de la misma.
Había llegado al sosiego sin darme cuenta; me había respondido la cuestión sin hallar definición, sin estructura... Como el arte, creada para inspirar mas no para definir; la misma que se entiende y no se enseña. Y entonces fue cuando la noté, a la nostalgia rayando la felicidad, como hermanos, como la fantasía y realidad; felices pájaros revoloteando en grupo, perdiéndose en el horizonte hacia el sol, mientras pensaba, sonriendo, en las alas que no tenía...
Y en la imposibilidad de evolucionar, de cambiar, mientras viviera.