Eran -creo yo-, alrededor de las 5 am. Sin control, despeinado, riéndome, a gritos. Eché un vistazo hacia las montañas: luces fosforescentes, sonidos retumbantes. Gritos, risas. Risas y corazones ilusionados. Era de madrugada, reía, me veían reír, y no me satisfice, ni a los cordones.
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