Al escuchar música, cuando escuchas tu canción favorita y te dan ganas de hacer air-drumming -si acaso es una balada americana, si acaso es The Smiths o The Cure... Yo sé, yo sé-. Cuando pasa eso, cuando encuentras que una canción lo dice todo, que es perfecta, que no podría ser mejor; cuando pasa eso, cuando sientes algo entre tu pecho, cuando intentas descifrar lo que sientes, cuando escuchas consciente; cuando se te olvidan tus problemas, cuando sabes que nada es tan cruel... Cuando pasa eso, decía, te invade una cálida intención de volver a vivir, de perdonar y olvidar lo negativo; te dan ganas de renacer, de tener diez años de nuevo y de besar a la niña que no te atreviste a besar por inseguridad; te dan ganas de tener diez años y de aprender a tocar el saxofón. Por alrededor de unos cuatro minutos tú conoces lo que es arrepentirse y al mismo tiempo conoces lo que es tener tanta esperanza para el futuro. Cuando escuchas música, al escuchar tu canción preferida, te imaginas de diez años, intentando salvar el mundo, intentando ser feliz.
Luego, abres los ojos, estás en tu oficina, vuelves a tu eterna pesadilla que se va, que se oxida; tu vida, con una dosis de tres gotitas más... dosis de realidad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario