La mujer me comentaba sobre su atestada vida social como un signo de distinción. Entonces me manifestó su problema, su inconveniente que la atormentaba tanto. Me contó que ella era muy sociable por la sencilla razón que no soportaba estar ni un minuto sola, se desesperaba. Yo comenté lo que tenía que comentar; le dije que si ella no se soportaba a ella misma, yo no tendría por qué intentarlo ni un poquito.
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