miércoles

Prohibido descifrar

     Ella se sienta sobre mi regazo, y me trata de explicar con claridad, no exenta de cuidado, con el fin de no herirme, para no dañarme, sicológicamente. Me dice, en resumen, que el ser humano es un organismo muerto. Me dice, con algo de llanto, que ella no entiende cómo yo puedo sentirme tan vivo, ser tan sabio, sentirme tan apasionado, en un lugar tan árido, tan poco ameno. 
     -Enséñame, por favor -me implora, con mucho cansancio, con algo de rendición-. ¡Tengo que vivir! Escucha, ya me cansé de pretender reír... y cuando lloro, no sé si lloro por tristeza o por no saber llorar. 
     -Tranquila, Laura -le digo, para calmarla, porque algo tengo que decirle-. La vida no es lo que ves. Mira -abarco sus manitas con las mías-, si algo he aprendido, es que cuando caes en pensamientos de desesperación es justamente cuando te despiertas, te concientizas... Es cuando abres los ojos. Para vivir la vida... -suelto un suspiro ahogado, luego miro a la pared del frente, a mis pinturas de óleo, a mis mariposas con colmillos, a mis personajes que parecen que hicieran un desmesurado esfuerzo por hacer contacto visual conmigo, para preguntarme por qué; que por qué los dibujé, que por qué viven para ser esclavos, sin libertad, dentro de un pedazo de tela ínfima, incómoda-, para vivir la vida -retomo- tienes que dejar de considerar la realidad, la existencia, la materialidad; tienes que inventar tu propia historia, tus personajes... Debes inventarte a ti misma, porque es que, querida mía, esa realidad, las personas, esa condición humana, esa materialidad; esa silueta descolorida que sientes que es la vida... Bueno, no es más que una inmundicia, en el sentido más maravilloso e incomprensible para los humanos.

     Y me doy cuenta, justo ahora, que tener la intención de describir la vida es lo más inútil que hacemos, mientras la creamos, mientras nos morimos en el intento.

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