lunes

Guasones

Esta sociedad permanece atestada de características destructivas que a todos nos lastiman y de las que somos altamente conscientes la mayor parte del tiempo. Infortunadamente, existe una de ellas que pasa desapercibida en el día a día: la burla. Nos encanta mofarnos de los demás, de extraños, conocidos, amados y enemigos. Nos burlamos de cualquier error ajeno, sea insignificante o trascendente, y este terrorífico hábito, a pesar de generar graves consecuencias en el desarrollo de la personalidad, ya hace parte de nuestra idiosincrasia. Aunque es probable que sea parte de la condición humana y no simplemente de un colectivo social determinado, lo cual lo hace mucho más preocupante. Burlarse de los demás se ha convertido, o tal vez siempre ha sido, un proceso fisiológico involuntario, como la respiración, quizás también modulado por el sistema nervioso autónomo que pareciera caracterizar vilmente las dinámicas de interacción humana. Y me pregunto por qué tendemos a ridiculizarnos mutuamente de manera casi imperceptible a través de un supuesto inocuo sarcasmo cuando ocurre un desliz, en lugar de contribuir con una oportuna corrección, brindar un cálido abrazo o una empática sonrisa de optimismo. Muy seguramente existirán decenas de razones por las cuales hemos sido, somos y seguiremos siendo guasones por excelencia. Pero desearía que pudiéramos contrarrestar nuestros impulsos de mierda y podamos incorporar la empatía con el propósito de seguir teniendo esperanzas de convertirnos en seres menos despreciables.

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