En mis sueños siempre es mejor: puedo hablarte sin temor, contarte una historia o leerte fragmentos de un libro mientras te arropo y consiento para que después me mires a los ojos, sin buscarlo yo; entonces me tocas y sonreímos en complicidad, decidiendo filmar el cortometraje que el maldito destino apabulló siempre. Y mira que lo creamos bien; un tanto romántico, un tanto cruel, como nos gusta en el cine, en la escritura y en los besos que te pienso dar, cuando de mis ojos haga una lenta y oscura transición -Deberías verlo, te gustaría-. Así que por ello me voy a soñar -a ver si te veo, acaso más cerca, más real, más mía.
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